jueves, 25 de septiembre de 2014

One & Only Hayman Island: el renacer de una isla privada



La isla privada de Hayman, en plena Gran Barrera de Coral, reabre sus puertas al turismo de alto poder adquisitivo tras varios meses de reformas y reestructuración de uno de los hoteles más exclusivos de Australia.

La gestión de la isla está a cargo de la mítica cadena hotelera One & Only, una de las más lujosas del mundo con una selección de establecimientos muy especiales repartidos a lo largo de todo el planeta.

La isla, que forma parte del archipiélago de las Whitsunday Islands, está arropada por un ecosistema de naturaleza espectacular con arrecifes coralinos de gran belleza y abundante vida animal. Es ideal para pasar unas vacaciones en familia, e incluso para parejas que quieran desconectar del mundanal ruido dado su alto nivel de exclusividad.

Entre las mejoras introducidas en el hotel, cabe descartar la reducción drástica del número de habitaciones, rediseñando los diferentes espacios de la isla, muchos de ellos con un alto nivel de privacidad.

El acceso a Hayman se realiza en lancha rápida desde Hamilton, la mayor de las islas que conforman el archipiélago de las Whitsundays. Hamilton tiene su propio aeropuerto con conexiones directas con las principales ciudades australianas. 

Entre las actividades propuestas por el hotel destacamos los paseos en helicóptero o en avioneta para contemplar desde el cielo la Gran Barrera de Coral, paseos en barco, pic nics en playas solitarias, caminatas por la selva, buceo o submarinismo, etc.

El hotel cuenta con siete espacios diferentes de restauración, entre los que destacan “Fire”, un restaurante gastronómico muy elegante de clara influencia australiana. 

La mejor época para visitar la isla es durante la primavera y el otoño australes, aunque debido a su situación geográfica, muy al sur de la Gran Barrera de Coral, esta isla se ve menos afectada por los monzones tropicales, es decir durante nuestro invierno.

Entre los lugares de visita obligada en la zona figura la Whitehaven Beach, sin duda una de las playas más bellas del mundo situada en la isla Whitsunday, accesible solo en barco. Esta playa es famosa por su arena blanquísima, compuesta en un 98% de sílice pura.































martes, 1 de julio de 2014

Soñando Dragones: Hong Kong y los maestros del Feng Shui



 Por Tomás Zapata

Su emplazamiento no podía ser más espectacular: de cara al mar pero arropada y protegida por verdes colinas. Así es Hong Kong, una de las ciudades más dinámicas y fascinantes del planeta.

Puede que muchas de las personas que visitan esta ciudad por primera vez perciban una sensación de caos y masificación. Un hervidero de estructuras de hormigón y cristal que emergen del suelo sin ton ni son. Nada más lejos de la realidad. Esta ciudad ha sido construida al milímetro, nada se ha dejado al azar. Aquí todo se rige por las reglas del Feng Shui. Tanto es así que muy pocos arquitectos, incluidos los grandes maestros internacionales del arte de construir, han osado desafiar su influencia. 

En una ciudad donde el espacio vale oro, una de las cosas que más sorprenden es ver cómo muchos de sus rascacielos tienen, literalmente, un agujero en su estructura. La respuesta es bien sencilla: los “dragones”. Hong Kong es una ciudad que por su emplazamiento tiene buen Feng Shui, junto al mar y las montañas. Y los dragones, portadores de energía positiva a raudales, viven en las montañas. Esta energía, poderosa y vital, debe circular libremente e impregnar toda la ciudad, por lo que es obligatorio facilitar el camino de estos animales mitológicos hacia el mar. Nada debe obstruir su paso diario en busca del agua, y mucho menos un edificio.


Si viajáis a Hong Kong fijaos en este detalle. Es fácil encontrar edificios así. Los hay por todas partes: en Central, en Kowloon, en Repulse Bay. 

Cuando Disney decidió construir su primer parque temático en esta urbe, lo primero que hizo fue consultar a los maestros del Feng Shui. Hasta Sir Norman Foster sucumbió a las reglas y encantos de este arte milenario y una de sus principales obras maestras, la espectacular torre HSBC, es uno de los rascacielos más respetuosos con las normas del Feng Shui.

Curiosamente, uno de los pocos que han osado desafiar estas normas sagradas, ha sido el arquitecto de origen chino I. M. Pei. La construcción del edificio del Banco de China en Hong Kong supuso un desafío enorme criticado por todos, principalmente por sus vecinos, quienes echan la culpa de todos sus males a esas agujas afiladas que hieren el cielo de Hong Kong. Tanto es así, que muchos de ellos decidieron añadir elementos arquitectónicos en sus edificios para contrarrestar este mal karma, entre ellos el HSBC, que simuló en su azotea una suerte de cañones para apuntar directamente al Banco de China. Hasta el primer gobernador de la ex colonia británica se negó a trabajar y vivir en las proximidades de este lugar.

Aparte del Feng Shui, Hong Kong es un lugar impresionante. Es la ciudad con más rascacielos del mundo. Ni Nueva York ha podido con ella. Moderna, trepidante y vanguardista. Y pese a todo, nadie como sus habitantes ha sabido preservar las tradiciones más ancestrales de China.

Aquí hay santuarios bellísimos, como el popular y venerado “Man Mo Temple”, situado en pleno Hollywood Road, una de las calles con más carácter de la isla. O el templo “Tin Hau”, situado en Temple Street, uno de los lugares sagrados más coloristas y kitsh del planeta.

Aunque si lo vuestro son las artes adivinatorias, no dejéis de visitar el mercado nocturno de Temple Street. Aquí los adivinos se entremezclan con los puestos de comida callejera, los comerciantes de baratijas y los cantantes de ópera. Todo un universo paralelo que cobra vida cada día al atardecer.

Pero si hay algo que no debemos dejar de hacer en un viaje a Hong Kong es tomar el centenario ferry que une Kowloon, situado en la parte continental, con la isla de Hong Kong. Maravilloso e impresionante trayecto marítimo, corto pero de gran intensidad emocional. De día y de noche. Al amanecer y al atardecer.

Y, por supuesto, no os olvidéis de degustar uno de los mayores delicatesen de la gastronomía cantonesa: el dim sum. Aquí es todo un ritual. Cuanto más tradicional es el local, más ricos y exquisitos. Se toma siempre acompañado de un buen té y los hay por todos sitios.



jueves, 12 de junio de 2014

La Familia China según Zhang Xiaogang



Por Tomás Zapata

Recordaré siempre la primera vez que me enfrenté a un cuadro de Zhang Xiaogang. Fue en el año 1999 en una galería de Pekín. Su visión particular sobre la familia china me dejó totalmente fascinado. Sus trazos transmitían ternura y frialdad, inquietud y serenidad. Definían a una familia de carácter plano, construida al unísono, en serie, debido quizás a las circunstancias sociopolíticas del momento. Aparentemente iguales, sin expresividad, sin emociones, presos de su pasado, posando de manera artificiosa, retratados en su mayor parte en blanco y negro, con pequeños destellos de luz y color. Cuadros de una belleza inusual, casi rota.

Hay un hecho en la vida de Zhang Xiaogang que va a influir poderosamente en toda su obra: la separación forzosa de su familia cuando tan solo era un niño. Pasó la mayor parte de su adolescencia refugiado en la pintura, algo que sus padres le habían inculcado desde pequeño. En una ocasión Zhang comentó a un periodista del New York Times que su madre le había enseñado a dibujar para que estuviera siempre entretenido y se mantuviera alejado de los problemas.

Tras una serie de experiencias que marcarían su vida para siempre, desde estar confinado en el campo para aprender las labores de los agricultores hasta viajar por Europa para visitar los más prestigiosos museos y galerías de arte, Zhang regresó a mediados de la década de 1990 a la casa de sus padres y allí encontró una caja con viejas fotografías de su familia, que se convertirían pronto en inagotable fuente de inspiración para la que sería la etapa más prolífica de su carrera: su impactante y hermosa serie “Bloodline: the Big Family”.

Zhang comenzó entonces a “retratar” de forma casi compulsiva su versión particular sobre la familia china: la familia revolucionaria, la familia estándar impuesta por la política del hijo único, familias sin hijos, separadas. Todas allí presentes y todas ellas con un elemento en común: la ausencia de individualismo, transmitiendo la idea de que todos somos iguales en una sociedad idealizada. 

Sin embargo un sutil signo distintivo, presente de forma recurrente en todos sus retratos, hará únicos e irrepetibles a los miembros de esta gran familia china: la marca de nacimiento impresa en sus inexpresivos y estilizados rostros, símbolo del carácter personal e imborrable de cada individuo. 

Otro elemento que se repite en esta serie son los poderosísimos trazos del Hilo Rojo, simbolizando el vínculo de unión entre todos ellos. El Hilo Rojo es una leyenda anónima que cuenta cómo entre dos o más personas destinadas a tener un lazo afectivo existe una línea roja, invisible e indivisible, que les acompaña para siempre.

Zhang Xiaogang nació en Kunming, capital de la provincia china de Yunnan, en el año 1958. Se graduó en 1982 en la Escuela de Bellas Artes de Chongqing. Muy pronto se convertiría en el líder indiscutible de la emergente corriente artística de Sichuan. En la actualidad es uno de las personas más influyentes del arte contemporáneo mundial. Sus obras, presentes en numerosos museos occidentales, han batido todos los récords de recaudación de un artista asiático en vida en las más prestigiosas subastas internacionales de arte contemporáneo.