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lunes, 18 de mayo de 2015

Asador Etxebarri: aroma a brasas y desnudez en la materia prima



Por Tomás Zapata

Juega en la liga de los 50 mejores restaurantes del mundo, en concreto en el  puesto número 34 de la prestigiosa revista británica Restaurant. Sin embargo su cocina no es de vanguardia. Sin nombres rimbombantes, ni deconstrucciones, ni soporte molecular, el gran secreto del asador Etxebarri, dirigido por el chef Victor Arguinzoniz, reside en las brasas y en un producto de temporada totalmente puro, sin interferencias ni estridencias. Materia prima al desnudo.

Ni siquiera el establecimiento, austero en su conjunto, es capaz de robarle una pizca de protagonismo al producto. El comedor del restaurante se encuentra en la planta superior de un modesto caserío ubicado en el minúsculo pueblo de Axpe (Vizcaya).

El menú degustación, que varía a diario según la disponibilidad del producto, comienza con un bocadito de chorizo casero elaborado con el mejor cerdo ibérico de bellota, sin conservantes ni colorantes. Prosigue con una espectacular mantequilla de leche de cabra, con un suave aroma a brasas, aroma que desde ese momento no va a desaparecer de nuestra mesa ni tan siquiera con la llegada de los postres. Le sigue un queso fresco de leche de búfala, especie animal  criada por ellos mismos en los verdes valles de Atxondo, con miel y avellanas.


15 platos en total, entre los que encontramos también dos pescados: unas anchoas en rúcula y unos deliciosos lomos de atún que se funden en el paladar. Gambas de Palamós aromatizadas a la brasa, un chipirón en su tinta y una exquisita anchoa en salazón sobre una crujiente tosta de pan. 

Uno de los platos más sencillos, y sorprendentes, son los guisantes de lágrima en su jugo, braseados al dente, y cuyo disfrute solo es posible durante unos pocos días al año. Un verdadero caviar del campo que no dejará a nadie indiferente.

El esfuerzo por transmitir la pureza de la materia prima se materializa en las zizas de primavera, unas aromáticas setas silvestres que sólo brotan durante esta época del año. Las encontramos en dos platos: un cracker y un revuelto de zizas sobre yema ligeramente batida, una vez más sobre las brasas, sin una pizca de sal, o al menos a mí me lo parece, para no perturbar el delicado aroma de los hongos.

El momento culminante viene, como no podía ser de otra forma, con la llegada de la carne. En esta ocasión una chuleta de vaca al punto sutilmente carbonizada en el exterior.

Finalmente dos postres conseguirán explosionar una vez más nuestros sentidos: un helado de leche de cabra reducida con jugo de remolacha y un sublime flan de leche de oveja lacha (latxa), con la que se elabora el queso idiazábal, quintaesencia de los lácteos vascos.

El asador Etxebarri está situado en un rincón perdido del valle de Atxondo, entre verdes colinas, ermitas y centenarios caseríos.  El viaje está más que justificado.

 Bocadillo de chorizo

 Queso fresco de búfala, miel y avellanas

Mantequilla de cabra

Cracker

Anchoa al salazón sobre tosta de pan

Gambas de Palamós

Chipirón cebolla caramelizada y su tinta

Hongos y berenjena

Revuelto de zizas

Guisantes

Anchoas y rúcula

 Ventresca de atún con salsa vizcaina

Chuleta de vaca

Helado de leche reducida con jugo de remolacha

Flan de queso










martes, 5 de mayo de 2015

Pedraza, uno de los pueblos más bonitos de España



Villa medieval de calles empedradas, palacios y casonas de arquitectura singular, Pedraza es uno de los pueblos más hermosos y mejor conservados de España. Está situado en la provincia de Segovia, a poco más de una hora en coche desde Madrid.

La ciudad, fuertemente amurallada, solo tiene un punto de acceso, la Puerta de la Villa, adornada con el escudo de Velasco. Es emocionante pasear por sus calles y viajar por esta especie de cápsula del tiempo donde echar la vista atrás y olvidarse de los problemas y ajetreos de la vida cotidiana. 

Pedraza ha sido escenario de las series históricas españolas de más éxito de los últimos años: Águila Roja, Isabel y Tierra de Lobos. Y de algún que otro desafortunado anuncio publicitario que no nos apetece rememorar en este momento.

Nuestro consejo es pernoctar al menos una noche para vivir y disfrutar de su tranquilidad una vez se hayan marchado las hordas de turistas de un día. Y nada mejor para ello que alojarse en  la Hospedería de Santo Domingo, edificio emblemático con algo más de tres siglos de historia.

Cualquier época del año es buena para visitar este lugar, pero destacamos sobre todo el primer y segundo sábado de julio, cuando se celebra la Noche de las Velas. Durante esta festividad, se apagan todas las luces del pueblo y los habitantes de Pedraza decoran e iluminan sus casas, patios, ventanales y calles con velas, mientras se celebran conciertos de música clásica en lugares tan emblemáticos como la Plaza Mayor.

Y como no podía ser de otra forma, el apartado gastronómico es otro de los alicientes para viajar hasta aquí. El cordero asado es su plato más famoso pero también es posible degustar otras delicias locales, un tanto contundentes, todo hay que decirlo, como los judiones blancos, los platos de matanza o el pan artesano de Pedraza. Cualquier restaurante es bueno para darse un festín. Los mejores ubicados son los de la Plaza Mayor, como el Yantar o El Soportal, o el más gourmet de todos ellos, La Olma, situado en la vetusta plaza del Álamo.

Además, en Pedraza también es un placer ir de compras, desde repostería artesana, a muebles rústicos, comercios de platería y todo tipo de productos típicos de la zona. No dejéis de visitar la galería Forja y Madera, situada junto a la Plaza Mayor, donde exponen algunos de los más destacados artistas locales.




martes, 17 de diciembre de 2013

A Quinta da Auga: un hotel muy especial en Santiago de Compostela para sentirse como en casa



Por Tomás Zapata

“Difundir una especial visión sobre el arte de vivir a lo largo y ancho del planeta, seleccionando establecimientos extraordinarios con un carácter único”. Esta es la filosofía y objetivo último de los hoteles Relais & Chateaux. “A Quinta da Auga”, en Santiago de Compostela, cumple todo esto y más.

Todo fluye a la perfección en este “hotel del agua”. Agua que inunda todos los rincones del hotel: fuentes, canales, un río y hasta un acueducto que data del siglo XVIII. Y es que este lugar fue en su época la mayor fábrica de papel que existía en Galicia, fábrica que se nutría de las aguas del cercano río Sar.

Ahora es uno de los hoteles más especiales que la cadena Relais & Chateaux tiene en España, situado en una magnífica finca privada, en plena naturaleza, y a pocos kilómetros del bellísimo centro histórico compostelano. 

El edificio, prácticamente en ruinas, fue adquirido por una familia de emprendedores gallegos, y convertido en hotel hace cuatro años tras ser sometido a un riguroso y respetuoso proceso de restauración. El resultado es un hermoso establecimiento de 4*, con 45 habitaciones y suites, todas ellas diferentes y con un carácter propio, un spa, un restaurante gastronómico, una cafetería, varias terrazas, un bosque de bambú y un extraordinario salón social donde sentirse como en casa. Del salón destaca su impresionante chimenea de estilo barroco, una decoración cálida  con objetos personales de los dueños del establecimiento y su colección de libros y tratados de medicina.

El spa está situado en la parte alta de lo que antiguamente eran los almacenes de la fábrica, con techo acristalado en su mayor parte y grandes ventanales que inundan de luz natural todo este espacio consagrado al relax y al cuidado de cuerpo y alma.

El restaurante, como no podía ser de otra forma, está dedicado a la exploración de la gastronomía gallega más tradicional con un toque creativo y de buen gusto. 






martes, 10 de septiembre de 2013

Historia, protocolo y dim sum con vistas a la Gran Vía de Madrid



No es muy común en España poder disfrutar de un brunch exótico a media mañana con la mirada puesta en algún lugar emblemático. Como tampoco es muy habitual tener el privilegio de degustar en este país un dim sum casi artesano. Se pueden contar con los dedos de una mano los restaurantes que emplean sus energías en la elaboración de tan exquisito manjar.





El dim sum es un término cantonés que designa en conjunto algunos de los platos más populares de China, en su mayoría panecillos al vapor rellenos de multitud de ingredientes diferentes: los hay de gambas, de verdura, de carne caramelizada, de setas, de sopa y carne, etc. Se toma como desayuno, o a media mañana como brunch. Siempre acompañado de té: pu' er, oolong, crisantemo. El protocolo aconseja servir primero el té a tus comensales y luego rellenar tu propia taza. Éstos deberán agradecerte el gesto dando unos golpecitos con los dedos de la mano sobre la mesa.

El restaurante chino del lujoso hotel Villa Magna de Madrid, Tse Yang, acaba de abrir una sucursal en el espacio gourmet de El Corte Inglés de Callao. No es mi intención hacer publicidad de grandes cadenas comerciales, pero este lugar tiene un algo especial, además de unas vistas de vértigo sobre la Gran Vía madrileña. Subir hasta aquí no cuesta nada. Evitar la tentación mucho.

El edificio que alberga actualmente este lugar fue construido sobre los cimientos del antiguo y emblemático Hotel Florida de Madrid, muy frecuentado por corresponsales extranjeros y prostitutas durante la guerra civil española. Quizás porque se trataba del único hotel de la época con agua caliente en las habitaciones. Aquí se enamoró perdidamente el escritor norteamericano Ernest Hemingway de la reportera y corresponsal de guerra más importante del S.XX, Martha Gellhorn.

Este edificio, obra del arquitecto Antonio Palacios, fue lamentablemente derribado en 1964 para construir unos grandes almacenes, que más tarde compraría el grupo de El Corte Inglés.

Nuestra cuenta:
  1. Tsu Yo Siumai (carne con shitake): 4,50 euros.
  2. Tsu Yo Patsoi (carne, verdura patsoi y setas): 4,50 euros.
  3. Hakao (langostinos con punta de bambú): 5 euros.
  4. Tsa Siu Pao (panecillos de carne caramelizada con miel): 5 euros.
  5. Tallarines con pato y espinacas: 9,60 euros.
Ese día hacía mucho calor, así que nos saltamos el protocolo y pedimos una jarra de cerveza bien fría.