martes, 22 de octubre de 2013

Nueva Zelanda: Bahía de las Islas, mil cosas por hacer



Se encuentra en el extremo norte de la isla norte de Nueva Zelanda, en una región denominada “Tierra del Norte” (Northland). Suena a frío. ¿Verdad? Pues no, este parque nacional formado por 144 islas, ni más ni menos, es posiblemente el parque marino subtropical más bello de todo el país. Un lugar imprescindible en cualquier viaje a Nueva Zelanda. Se accede a él desde Auckland a través de la bellísima costa Hibiscus, una ruta escénica de primer orden donde perder la mirada en el infinito azul turquesa del Océano Pacífico. Esta ruta nos depara además otra sorpresa, los magníficos bosques de kauris de la isla norte (la versión secuoya neozelandesa). Únicos y extraordinarios, para perderse en ellos y no despertar jamás del cuento.

Una vez en la bahía, las visitas y excursiones son infinitas, sobre todo si viajamos durante el verano austral: nadar con delfines en libertad, navegar por el Cabo Reinga donde se funden las aguas del Océano Pacífico con el Mar de Tasmania, lugar espiritual por excelencia para la cultura Maorí, caminar por la mítica “Ninety Mile Beach”, una playa gigantesca de arena dorada salpicada de dunas espectaculares, o sencillamente tumbarse al sol y descansar hasta que llegue la hora de reorganizar nuestra maleta  para viajar hasta nuestro siguiente destino.

En cuanto al alojamiento, aquí abundan los hoteles familiares del tipo boutique, recomendamos especialmente el Flagstaff Lodge & Day Spa, y para los amantes de la naturaleza el Ora Ora Eco Wellness Resort. Pero si lo vuestro es el lujo no contenido, los ya míticos Eagles Nest y The Lodge at Kauri Cliffs no defraudarán

La mejor época para viajar a la Bahía de las Islas es entre diciembre y marzo. Recomendamos una estancia de al menos una noche, aunque también se puede hacer una excursión de un día desde Auckland.









jueves, 17 de octubre de 2013

Cinco razones para enamorarse de Melbourne



Es la segunda ciudad donde mejor se vive del mundo, y probablemente merecería la primera posición. Eclipsada injustamente por su poderosísima hermana Sídney, Melbourne es una ciudad extraordinaria y cautivadora, que invita a disfrutar de la vida, de la cultura, de los paisajes, de las compras, de los paseos en bici y sobre todo de la lectura: aquí se concentran casi la mitad  de todas las librerías de Australia. Casi nada.

Estos son algunos de nuestros momentos más especiales en un viaje a Melbourne:

1.- Un paseo en globo al amanecer: 

Melbourne es una de las pocas grandes ciudades del mundo donde todavía es posible realizar un paseo en globo. Y si además lo hacemos al amanecer, el momento será mágico: atravesar parques, jardines, tejados, estadios y descubrir el dinamismo frenético de esta ciudad desde el aire es una experiencia sublime. Y si el dinero no es un problema para nosotros, recomendamos proseguir ruta hasta el valle Yarra, la zona vitivinícola por excelencia del estado de Victoria. 

2.- Compras, compras, compras: 

de todo y para todos. Con estilo, para mejorar nuestros armarios, en Queen Victoria Market y Collins Street. Con pasión, para los coleccionistas empedernidos, como el suscriptor de este artículo. Con vocación, para los que amamos el arte, en National Gallery of Victoria. Con contención, para los que no tenemos tanto dinero, en Swanston Street. Y por último con placer y auto admiración, para los hedonistas sin remedio, en Collins Place.

3.- Un paseo en bicicleta: 

Melbourne es posiblemente una de las ciudades más “bike friendly” del mundo. Parques, jardines y carriles bici abundan por doquier. Descubrir la ciudad sobre dos ruedas es un verdadero placer que no debemos dejar pasar: barrios multiculturales y multirraciales, rincones apartados, cafés secretos, librerías donde descansar y un sinfín de sitios más. 

4.- Un paseo en tranvía: 

pero si lo nuestro no es el ejercicio en exceso, siempre encontraremos una fórmula más cómoda de adentrarnos en el corazón de Melbourne, por ejemplo disfrutando de un agradable paseo en un tranvía de época colonial mientras degustamos una deliciosa cena o almuerzo maridado con los mejores vinos australianos.

5.- La Gran Carretera del Océano: 

ya sé que no forma parte del entramado de la ciudad, pero venir hasta aquí y no hacer una excursión por una de las rutas escénicas más bellas del mundo  es un verdadero crimen. Si quieres conocer más detalles sobre esta ruta, pincha en este enlace.








lunes, 7 de octubre de 2013

Parques Nacionales para perderse en otoño: Yosemite, el sueño californiano hecho naturaleza



Es cierto que en otoño Yosemite pierde uno de sus mayores atractivos, sus prístinas cascadas y saltos de agua. Desaparecen para dar paso al duro y extremadamente bello invierno en la montaña. Pero gana en colorido, en paz y en serenidad. Las masas de visitantes desaparecen por arte de magia, los animales se dejan ver con más facilidad y los demás atractivos del parque permanecen intactos.

Los bosques de secuoyas gigantes son igual de bellos, o quizás más, durante esta estación. Es también la última oportunidad del año para ver esta maravilla natural antes de quedar aislada por el manto blanco del invierno. Si lo tuyo es la fantasía y vivir en un cuento de hadas tu lugar es Mariposa Grove.

El Valle de Yosemite y las praderas Wawona, dos de los lugares más visitados del parque, son una explosión de colores durante el otoño. Pateárselos en bicicleta en esta época del año es un verdadero placer.

Pero los más bellos en otoño son los lagos de Yosemite: Tenaya, May, Elisabeth. Impresionantes e inolvidables.

Para los que no habéis estado aquí, Yosemite es el decano de los parques nacionales de Estados Unidos. Se encuentra a unos 350 kilómetros de San Francisco y es visitado anualmente por algo más de 3 millones de personas. Su punto más elevado alcanza los 4.000 metros de altitud. El parque se extiende a través de las laderas orientales de la cadena montañosa de Sierra Nevada. Fue declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO en 1984.

Por cierto, no os olvidéis de dormir en una cabaña, así la experiencia será inolvidable.





martes, 1 de octubre de 2013

Sídney para principiantes: cinco momentos que no deberías perderte en esta ciudad



Sídney ocupa el puesto número 9 en el ranking de las ciudades donde mejor se vive del mundo: es una de las capitales del momento, su luz brilla más allá de sus fronteras, alcanzando los lugares más insospechados. Vanguardia, diseño, moda, buen hacer, buen vivir, buen comer y un clima envidiable convierten a esta ciudad en uno de los lugares “imprescindibles” en un viaje a Australia.
 
Estas son algunas de las actividades y lugares que más nos gustan:

1.- Subida al Harbour Bridge: si lo tuyo es descargar adrenalina, éste es sin duda tu momento. La escalada al icónico puente de Sídney es una experiencia única, difícil de olvidar. La puedes realizar al amanecer, a lo largo del día, al atardecer e incluso al anochecer. Así que no tienes excusa. Tendrás la ciudad a tus pies y ya nadie ni nada se podrá interponer entre vosotros.


2.- Crucero por la bahía: si por el contrario lo tuyo NO son las sensaciones fuertes, navegar por la Bahía de Sídney, una de las más hermosas del planeta, es algo que no tiene precio. Y si además eliges el barco adecuado, recalando al final en una playa solitaria, tu momento se convertirá en un momentazo.


3.- Cena en un restaurante con vistas: nada mejor para finalizar la jornada que una cena con vistas. En Sídney hay muchísimos y premiadísimos buenos restaurantes, pero a uno en concreto le tenemos un cariño muy especial: Quay Restaurant, en el glamuroso e histórico barrio de The Rocks. Sus vistas sobre la bahía y el puente de Sídney son sencillamente sublimes. Su gastronomía única lo ha convertido además en uno de los 50 mejores del mundo.

4.- Visita guiada por la Opera House: es sin duda el monumento más reconocible de toda Australia. No sabemos si el más bello, lo que sí está claro es que su construcción supuso un antes y un después en la arquitectura contemporánea mundial. Y no visitarla sería un “pecado” casi, casi mortal. Si además os gusta la ópera, asistir a una representación pondrá el broche de oro a una visita insuperable.


5.- Playas, playas, playas: si de algo peca Sídney es de sobredosis de playa: Bondi, Manly, Congee, Bronte, Palm Beach y así hasta un total de 70 maravillosas franjas costeras de fina arena que envuelven la ciudad en un inconfundible y relajante aroma a sal marina. 









lunes, 30 de septiembre de 2013

Un oasis en pleno Shanghai



No son su especialidad los hoteles urbanos, pero la firma Banyan Tree ha bordado su última creación en Shanghai. Banyan Tree Shanghai on the Bund es un verdadero oasis en medio de una de las ciudades más bulliciosas y fascinantes del planeta.

Cumple con todos los requisitos para convertirse en un establecimiento de referencia en una región tan competitiva como ésta: la mayor parte de sus grandes ciudades se encuentran inmersas es un proceso de regeneración frenética para lograr disputarle a Nueva York la capitalidad mundial de los “skyline”.

-- Vistas: como no podía ser de otra forma, las tiene, y muy especiales, aportando una perspectiva diferente de las dos orillas del río Huangpu, la columna vertebral de la ciudad. Por un lado el glamuroso e iconográfico frente colonial de Shanghai y por el otro su futurista centro financiero.

-- Arquitectura: diseño conceptual al más puro estilo neoyorkino, todo cristal y ventanales para no perderse ni un solo detalle de esta ciudad, sorprendente y carismática. Y digo sorprendente, entre otras cosas, porque todavía hay gente que pasea en pijama por sus calles a pesar de que las autoridades locales lo han prohibido expresamente. Me encanta.

-- Spa: si algo cuida en exceso la cadena Banyan Tree es su spa. Una experiencia sensorial en toda regla. Tratamientos basados en la sabiduría tradicional china, el Ying y el Yang, y con materias primas tan autóctonas como la soja, el ginseng, el té Longjing o el crisantemo.

-- Gastronomía: tres espacios muy diferentes para disfrutar de una gastronomía altamente sugerente. Desde la más tradicional cocina cantonesa, pasando por las más atrevidas vanguardias tokiotas hasta las combinaciones más trendy de la cocina internacional de fusión, sin faltar el toque mediterráneo en su restaurante Oceans.

-- Servicio: discreto y pendiente de cada uno de los detalles. La calidad de un hotel siempre se medirá por la atenta mirada de todas las personas que trabajan en él. El factor humano es determinante y debería haberlo puesto en primer lugar. Mil disculpas.

-- Glamour a raudales: es decir, esa mezcla liviana entre lo imprescindible y lo puramente prescindible, por artificioso e innecesario. Tiene una terraza exterior de vértigo, TOPS, para disfrutar de los mejores atardeceres, gin-tonic en mano, y un interiorismo que enamora hasta a las piedras. 

Le faltan historia y visitantes ilustres, como estrellas de cine, pero ya hemos dicho que es un hotel de nueva apertura. Nos volveremos a ver aquí dentro de unos años. 




  (Fotos cortesía del hotel)